Esta semana la ciudad tuvo tema. Alguien con muchos seguidores dijo algo sobre alguien con quien ya no sale, y durante tres días eso fue la conversación: el hilo, el video de respuesta, la segunda parte. No vamos a resumirlo. Fuimos a otra esquina a escuchar a alguien hablar de lo que sí le duele.
Colonia Doctores, cruce de Doctor Vértiz y Doctor Lavista, 7:40 de la mañana. La señora de los jugos lleva aquí desde las seis. El puesto es una mesa plegable, un exprimidor de palanca que suena como una puerta vieja y una hielera con las naranjas que le trajeron de la Central a las cinco. Vende de naranja, de zanahoria y un verde que ella llama "el de los que se cuidan", con una sonrisa que no aclara si es burla.
Aceptó hablar con nosotros siempre y cuando no le estorbáramos la fila. No había fila. Eso, dijo, también es parte de la historia.
Sobre la colonia
Llegó a esta esquina hace diecinueve años. Antes estaba en la Obrera, pero la movió una obra que nunca terminó. Habla de la Doctores como se habla de una casa donde ya vive otra gente.
"Aquí antes todo era taller. Ahora es taller, gimnasio y edificio con nombre en inglés. Los del taller me compran. Los del edificio me toman foto."La señora de los jugos, Doctores, 7:44
No lo dice con rencor. Lo dice como quien reporta el clima. Señala con la barbilla un edificio de seis pisos donde antes había una vulcanizadora. Abajo hay un café con letrero de pizarrón. Nunca ha entrado. "Para qué, si yo vendo lo mismo, pero con vitamina".
Sobre el tráfico
A las 7:50 Doctor Vértiz se detiene. Nada avanza durante cuatro minutos. Ella ni voltea.
"El tráfico no es el problema. El problema es que la gente ya no se baja del coche. Antes se paraban aquí, en doble fila, a comprar. Ahora piden por la aplicación y el muchacho de la moto es el que se baja."La señora de los jugos, 7:51
Del muchacho de la moto habla con cariño. Se llama Iván, tiene veintitrés años y le compra un jugo diario. Es su cliente más fiel y siempre lleva prisa.
Sobre la gente que ya no saluda
Aquí baja la voz. No porque sea un secreto, sino porque le pesa.
"No es que sean groseros. Es que van viendo el teléfono. Llegan, piden, pagan y se van sin subir la cara. Yo les digo buenos días de todos modos. Alguno se acuerda a media cuadra y voltea. Con ese me quedo."La señora de los jugos, 7:58
Cuenta que hay una señora del edificio nuevo que sí saluda. Que el vigilante del estacionamiento le guarda las cajas cuando llueve. Que el otro día un chavo con audífonos se los quitó para preguntarle cómo estaba. No lo dice para consolarse. Lo dice porque es verdad y porque lleva la cuenta.
A las 8:05 llega Iván. Se toma su jugo de pie, con el casco puesto, y le dice "gracias, doña". Ella le dice que se cuide en Eje Central. El primer saludo de la mañana llegó en moto y duró treinta segundos. Nadie lo grabó.
No hubo hilo. No hubo segunda parte. No hubo video de disculpa por la tarde. Una mujer dijo lo que piensa de su colonia, de su calle y de la gente que pasa frente a ella todos los días, y la ciudad siguió sin enterarse. Eso es lo que aquí llamamos declaración. Lo otro ya lo cubrieron.
Nota de la redacción: la señora de los jugos pidió que no publicáramos su nombre ni su cara. Se le leyó el texto completo antes de publicarlo. Quitó una frase sobre un vecino y añadió que el de zanahoria también está bueno. Lo dejamos.




